¿POR QUÉ LO HARÍA?

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De hecho lo espiritual y lo concreto son dos caras de una misma moneda que, desde la noche de los tiempos, es divisa privilegiada de la Aventura Humana.

En este sentido creemos que es un error hablar del uno y del otro separadamente, como también lo es seguir abusando de la palabra-mantra “cosmovisión” que, a estas alturas del partido, puede significar de todo y por ende nada…

Por supuesto cada pueblo o cultura tiene su propia “cosmovisión”, cada época también y -en el fondo- cada persona nutre su propia percepción de la sopa cósmica en la cual todos nos encontramos nadando.

Además, en la dimensión nativo/campesina (por poco que la conozcamos), nunca oímos mencionar ninguna de estas categorías (cosmovisión, espiritual, concreto etc…).
Más bien el criterio ampliamente compartido era:
«Cuanto mejor suena la música (concretamente), mejor cumple con su función (así sea espiritual, calendaria, agrícola, social etc)»

Finalmente trabajar sobre los Sonidos no implica ninguna Conversión al Agnosticismo!
Así que la pregunta es:
Luego de llenarnos la boca con palabras altisonantes como maestros, ancestral, cosmovisión, consciencia, revalorización, respeto, originario etc… ¿Seremos también capaces de emitir aunque sea uno solo de esos Sonidos que, ellos sí, de pronto nos volverían realmente atendibles?

Inútil decir que el tributo a los “depositarios” y su fundamental función no está mínimamente en discusión puesto que cae por su propio peso: «Ellos son los responsables de transmitir a las futuras generaciones… »

Ellos… ¿Y los otros? ¿Aquellos que no son depositarios ni campesinos, que no son ni quechuas ni aymaras (¡y a veces tampoco latinoamericanos!) pero que, de hecho, son siempre más numerosos y apasionados operadores de esta música?
Más allá de homenajear, celebrar y tributar ¿Acaso pueden aspirar al desempeño de algún papel activo y sostenible, ocupando un legítimo espacio en este estrecho y autógeno circuito?

Por cierto algunos reconocidos veteranos (rigurosamente no-depositarios) siguen indicando como “imprescindible” la vía de la experiencia in situ (en el lugar) “para empaparse de toda la mística”, “vivir en carne propia las dificultades de la vida rural”, oponiendo lo vivencial a lo teórico, lo oral a lo escrito, lo humano a lo técnico etc… y concluyendo que, de no ser así, todo lo conseguido no sería más que una ridícula farsa buena solo para la más torpe de las audiencias.

Ahora bien -pese a que todas las experiencias forman y tan solo por ello son bienvenidas- un libre y cuerdo pensador podría objetar:
«Mas, ¿Por qué puedo tocar todas las músicas del mundo desde donde me encuentre y sin mayores impedimentos, menos la andina?
Si quiero tocar Blues no es “imprescindible” volverme esclavo e ir a recoger el algodón en las riberas del Mississippi! Para tocar música clásica tampoco estoy “obligado” a pasar frío en un altillo de la ciudad vieja de Salzburg y si me intereso de música Indú no debo “forzosamente” bañarme en las pardas aguas del Gange ni meditar durante años antes de poder afinar un Sitar…
Pues, a cuentas hechas, si tocar música andina se me hace tan complicado ¿Por qué lo haría?»

Il Laboratorio delle Uova Quadre