WACA-WACA TORO-TORO

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Extracto de la novela “Waca-Waca Toro-Toro”
por Felice M. Clemente (1992)

(…) Buenas noches Suti Mama

Suti Mama Candelaria

Way way waca waca

Way way toro toro…

Canto, escuchando mi propia voz en la oscuridad del cuartito de mi hija Beatrice, para dormirla. Es su canción de cuna preferida: habla de toros y de la Virgen que intercede por los toreros tan solo a cambio de una velita.

Mi hija nació en Mayo, bajo el signo del… ; tiene muchos tirabuzones colorados y rebeldes tal como los tenía yo. Recién va a cumplir un año.

bea-1992
Beatrice Clemente, Roma 23/12/1991

En esta temporada, casi todas las noches, le cuesta conciliar el sueño y no quiere quedarse sola. Muy a menudo hay que sacarla de su camita, para quebrar su desesperación sin aliento, hasta que al fin se duerme.

Como signo de agradecimiento, ella sabe apoyar su cabecita en mi hombro y, todavía suspirando, darme unas palmaditas con su manito, casi le tocara a ella consolarme a mí.

Entonces entono la canción caminando a ritmo arriba y abajo a lo largo y ancho del cuarto. Las planchas del piso crujen en la total oscuridad.

Ella se aplaca en seguida y se queda en silencio, escuchando… En el cuarto oscuro mi voz parece más fuerte. Si se me ocurre parar o cambiar de canción, mañosa, protesta al toque con altos gemidos! Por ende tengo que seguir un rato más.

Para romper la monotonía, alterno la parte “instrumental” a la cantada: es decir que tarareo una variación de la misma sin palabras, tratando de imitar con el soplo el sonido vibrante de los sicus.

Así, casi todos los días, me veo obligado en desear las buenas noches también a Mama Candelaria y, mientras lo hago, me acuerdo del Altiplano…

Way way waca waca

Way way toro toro

Festejando Suti Mama

Suti Mama Candelaria

En un callejón secundario de Puno, en plena noche, avanza nuestro conjunto de sicuris o -mejor dicho- lo que queda de él, después de un día entero de fiesta, pasado desfilando por las calles. Arrastramos los pasos al ritmo de los bombos.

A la cabeza del grupo, las bailarinas siguen agitando sus pañuelos, incitándonos: es una cuestión de honor alcanzar el Girón Ilave sin dejar de tocar. Allí se encuentra nuestra base.

Las calles escasamente iluminadas ya quedaron vacías. Las ventanas fueron trancadas hace rato, cuando pasamos nosotros trotando y soplando en nuestras cañas.

Ahora termina la frase: llega el momento de la vuelta. Quedamos pocos, pero compactos. Cada uno diseña elegantemente un cerco, girando sobre su propio eje y adelante los pañuelos remolinan más fuerte sobre todas las cabezas.

Alguien todavía levanta arriba el estandarte que da la vuelta junto con nosotros.

Para despedir esta jornada de fiesta y alcanzar nuestra base tocando a la luz de las estrellas, los guías escogieron la Serenata del Toro por que tiene un ritmo ligero y andante: caen regularmente sus dos acentos fuertes, marcando la avanzada; la simple melodía no cansa el soplador, por que a cada nota responde la nota de su compañero, en perfecta alternancia. Luego está el momento lírico, cuando todos juntos, bailarines y músicos, pronunciamos en coro aquellos versos hechos de palabras sencillas, familiares y épicas al mismo tiempo, fiesteras y melancólicas.

En ese instante, exhausto, con el labio abierto de tanto frotar el sicu contra mi boca, me olvido de todo.

Me siento honrado y feliz de estar desfilando con el conjunto Huj-Maya.

Amo esta música. Amo esta ciudad.

Mi hermano toca a mi lado y estoy feliz de dialogar con él.

Mi futura esposa baila por delante, con enérgica gracia; sus mejillas, coloradas por el sol y el cansancio, la hacen más linda.

Los demás compañeros de Trencito están todos esparcidos entre las filas del conjunto y estoy seguro que sienten lo mismo que yo: Ellos también se hunden en el olvido de la felicidad. (…)

bea-puno-2015
Beatrice Clemente, Puno 04/11/2015

(…) Buenas noches Suti Mama

Suti Mama Candelaria

Way way waca waca

Way way toro toro…

Canto ascoltando la mia voce, nel buio della cameretta di Beatrice, per farla addormentare. E’ la sua ninna nanna preferita: parla di tori e della Vergine che intercede per il destino dei toreri, solo in cambio di una candelina.

Mia figlia è nata di Maggio, sotto il segno del… Ha tanti ricci rossi e ribelli come li avevo io. Fra poco compirà un anno.

In questo periodo, quasi ogni sera, stenta a prendere sonno e non vuole essere lasciata sola. Molte volte bisogna perfino tirarla su dal letto per infrangere la sua disperazione senza fiato, finché riprenda a dormire.

Lei, in segno di gratitudine, mi poggia la testolina sulla spalla e, ancora sospirando, mi dà delle  pacchette con la manina, quasi toccasse a lei consolare me.

Allora intono la canzone camminando a ritmo su e giù per la stanza. Il parquet scricchiola nella totale oscurità.

Lei si placa quasi subito e rimane in silenzio ad ascoltare… Nel buio, la mia voce sembra più forte.

Se cambio canzone o se mi fermo, lei, capricciosa,subito protesta con acuti gemiti! Quindi devo continuare ancora un po’.

Per rompere la monotonia, alterno alla parte cantata quella strumentale: una variante della melodia senza parole, cercando di imitare col soffio il suono vibrante dei sicus.

Così, quasi tutte le sere, sono costretto ad augurare la buonanotte anche a Mama Candelaria e, mentre lo faccio, mi ricordo dell’Altopiano…

Way way waca waca

Way way toro toro

Festejando Suti Mama

Suti Mama Candelaria

In una stradina secondaria di Puno, a notte inoltrata, procede il nostro gruppo di sicuris -o meglio- quello che ne rimane dopo un’intera giornata di festa trascorsa sfilando per le vie.

Siamo tutti esausti. Trasciniamo i piedi al ritmo dei tamburi.

Le ragazze, davanti al gruppo, continuano a sventolare i loro fazzoletti, incitandoci: è una questione d’onore raggiungere il Girón Ilave senza smettere di suonare. Là si trova la nostra base.

Le vie scarsamente illuminate ormai sono tutte vuote. Le imposte sono sprangate da un pezzo, quando passiamo trottando e soffiando nelle nostre canne.

Ora termina la frase: viene il momento della vuelta. Siamo rimasti in pochi, ma siamo compatti. Ognuno descrive elegantemente un giro su sé stesso e i fazzoletti mulinellano più forte sopra le nostre teste, davanti al gruppo.

Qualcuno regge ancora in alto lo stendardo che gira anch’esso con noi.

Per dire addio a questa giornata di festa e raggiungere la nostra base suonando alla luce delle stelle, i guias hanno scelto la Serenata del Toro, perché ha un ritmo leggero e sostenuto: cadono regolarmente i due accenti forti, scandendo l’avanzata; la semplice melodia non affatica il suonatore, poiché ad ogni soffio risponde il soffio del compagno, in perfetta alternanza. Poi c’è il momento lirico, allorché tutti, ballerini e suonatori, pronunciamo in coro gli stessi versi fatti di parole semplici, familiari ed epiche a un tempo, festaiole e malinconiche.

In quel momento, esausto, con il labbro scavato e sanguinante per l’eccessivo strusciare del mio sicu contro la bocca, dimentico ogni cosa.

Sono orgoglioso e felice di sfilare con il gruppo Huj-Maya.

Amo questa musica. Amo questa città.

Mio fratello suona accanto a me e sono felice di dialogare con lui.

La mia futura moglie balla innanzi a noi, con energica grazia; le gote, rosse di sole e di fatica, la rendono più bella.

Gli altri compagni del Trencito sono tutti sparsi in mezzo al gruppo e sono certo che anche loro provano quello che provo io: anche loro sprofondano nell’oblio della felicità. (…)